La independencia judicial necesita oposición, ciudadanía e instituciones capaces de limitar al poder
Mtro. Manuel Alberto Cruz Martínez
Cuando pensamos
en la defensa de la Constitución, imaginamos a jueces independientes que,
mediante una sentencia, detienen los abusos del poder. La imagen es correcta,
pero incompleta. Un tribunal puede invalidar una decisión, pero no controla por
sí mismo su presupuesto, la designación de sus integrantes ni la ejecución
política de todas sus resoluciones.
Por eso, los
tribunales no se defienden solos. Su independencia depende también de la
existencia de una oposición responsable, organizaciones ciudadanas activas,
medios capaces de investigar y una sociedad dispuesta a aceptar los límites al
poder, incluso cuando la sentencia contradice sus preferencias.
Esta conclusión
encuentra respaldo en la investigación de Andrew O’Donohue publicada en octubre
de 2026 por el Journal of Democracy. El autor examinó 25 intentos de regresión
democrática y analizó con mayor detalle los casos de Brasil, Israel y Polonia. Su
hallazgo principal es claro: los tribunales resistieron mejor cuando contaron
con aliados fuera del ámbito judicial.
La independencia también se construye desde fuera
Esos aliados
pueden ser partidos de oposición con presencia legislativa, organizaciones
civiles, universidades, colegios de abogados, medios de comunicación,
organismos internacionales y ciudadanos dispuestos a movilizarse. Cada uno
cumple una función distinta.
La oposición
puede detener reformas dirigidas a controlar a los tribunales y exigir
explicaciones al gobierno. La sociedad civil puede documentar presiones. Los
medios pueden investigar interferencias. La ciudadanía puede recordar que la
independencia judicial no es un privilegio de los jueces, sino una garantía
para cualquiera que necesite protección frente a una autoridad más poderosa.
La relación
funciona en ambos sentidos. Cuando la ciudadanía y las instituciones respaldan
la independencia judicial, los jueces cuentan con mejores condiciones para
emitir resoluciones difíciles. Cuando los tribunales protegen derechos y frenan
abusos, conservan el espacio en el cual la sociedad puede organizarse, informar
y exigir cuentas. No es una defensa corporativa. Es un sistema de protección
mutua.
La oposición como contrapeso necesario
Uno de los
resultados más relevantes del estudio es que la independencia judicial fue más
resistente cuando la oposición conservó fuerza suficiente dentro del poder
legislativo. Esa presencia permitió bloquear destituciones, recortes o reformas
destinadas a reducir las facultades de los tribunales.
Esto no
significa que cualquier partido opositor sea democrático ni que toda crítica al
gobierno proteja a la Constitución. Existen oposiciones irresponsables,
divididas o incapaces de ofrecer alternativas. Sin embargo, sus errores no
eliminan la función que deben cumplir.
Una oposición
democrática vigila, pregunta, propone y exige explicaciones. No tiene que
rechazar todo, pero tampoco puede limitarse a acompañar las decisiones de la
mayoría. Su presencia obliga al poder a justificar sus actos y permite que
quienes no votaron por el gobierno también tengan representación.
Este punto
resulta especialmente importante a la luz de Latinobarómetro 2026. En México,
78 por ciento de las personas entrevistadas considera indispensables las
elecciones, pero sólo 38 por ciento reconoce como necesaria la existencia de
una oposición. La distancia revela una comprensión incompleta de la democracia:
valoramos el momento de elegir, pero no necesariamente a quienes deben vigilar
al ganador.
Defender al juez que nos contradice
La
independencia judicial se pone a prueba cuando un tribunal emite una sentencia
que no nos gusta. Es sencillo defender a los jueces cuando sus decisiones
coinciden con nuestras preferencias. La verdadera convicción democrática
aparece cuando aceptamos que también pueden limitar al gobierno, partido o
proyecto con el cual simpatizamos.
Los tribunales
no están para favorecer sistemáticamente a la oposición ni para sustituir las
decisiones políticas. Su responsabilidad consiste en verificar que el poder
actúe dentro de la Constitución y respete los derechos.
Independencia
tampoco significa ausencia de rendición de cuentas. Los jueces necesitan
transparencia, evaluación y procedimientos disciplinarios. La diferencia está
en la finalidad: esos mecanismos deben mejorar la justicia, no castigar a quien
resuelve contra los intereses del gobierno.
Reformar al
Poder Judicial puede ser legítimo y necesario. Controlarlo políticamente es
otra cosa.
La captura rara vez ocurre de un solo golpe
La experiencia
comparada muestra que el debilitamiento judicial suele avanzar paso a paso. Se
desacredita a los jueces, se reducen recursos, se modifican las designaciones o
se incumplen sentencias. Finalmente, cualquier límite judicial puede
presentarse como una conspiración contra la mayoría.
Cada medida
puede parecer justificable si se examina de manera aislada. El peligro aparece
cuando todas producen el mismo resultado: reducir la capacidad del tribunal
para revisar los actos del poder.
Ante ese
proceso, una sentencia difícilmente basta. Si el Congreso renuncia a ejercer
controles, la oposición carece de fuerza, los medios no investigan y la
sociedad permanece indiferente, el tribunal puede conservar su nombre y su
edificio mientras pierde gradualmente su independencia.
La lección para México
México
atraviesa una transformación profunda de su sistema judicial. La discusión no
debería agotarse en decidir si los jueces deben ser electos o designados
mediante determinado procedimiento. También debemos preguntar si podrán
resolver sin temor a perder el cargo, si existirán mecanismos imparciales de
disciplina, si se respetarán sus sentencias y si habrá instituciones capaces de
impedir represalias.
Estas preguntas
no interesan únicamente a los abogados. Una persona necesita tribunales
independientes cuando enfrenta una detención arbitraria, un despido
injustificado, una expropiación, una negativa de atención médica o un abuso
administrativo. La independencia judicial se vuelve concreta cuando alguien
necesita que la ley lo proteja frente a una autoridad.
La ciudadanía
tampoco sustituye a las instituciones. Una protesta no reemplaza una sentencia
ni una organización civil ocupa el lugar del Congreso. Su función es crear
condiciones para que cada institución cumpla con su responsabilidad sin quedar
aislada.
Una responsabilidad compartida
Los tribunales
deben ganarse la confianza mediante resoluciones claras, consistentes y
comprensibles. La oposición debe defender reglas y derechos, no solamente
posiciones partidistas. Los medios deben explicar cómo los cambios judiciales
afectan la vida diaria. Las universidades y los colegios profesionales deben
producir evidencia, no consignas. La ciudadanía debe comprender que limitar al
poder no equivale a impedir que gobierne.
La principal
lección de la investigación es que la democracia funciona como una red. Cuando
uno de sus componentes es atacado, los demás deben sostenerlo. Si cada
institución permanece aislada, todas se vuelven más vulnerables.
Los tribunales
no se defienden solos porque la Constitución tampoco se protege por sí misma.
Necesita jueces independientes, oposición responsable y ciudadanía activa.
Cuando alguno de esos elementos desaparece, el poder deja de encontrar límites.
Y cuando el poder ya no encuentra límites, cualquier persona puede quedar sin
defensa.
Fuentes de referencia
Andrew O’Donohue, How Courts
Survive Democratic Backsliding, Journal of Democracy, volumen 37, número 4,
octubre de 2026, pp. 165-181.
https://www.journalofdemocracy.org/articles/how-courts-survive-democratic-backsliding/
Corporación Latinobarómetro,
Informe Latinobarómetro 2026, publicado el 2 de octubre de 2026.
https://www.latinobarometro.org/news/informe-latinobarometro-2026