martes, 22 de septiembre de 2026

La seguridad también hace democracia

 No basta contar correctamente los votos si el miedo decidió antes quién podía competir

Mtro. Manuel Alberto Cruz Martínez

Cuando hablamos de seguridad durante una elección, solemos imaginar policías alrededor de las casillas, boletas protegidas y paquetes electorales que llegan sin contratiempos a los consejos distritales. Todo eso importa, pero es apenas la parte visible del problema. La seguridad democrática comienza mucho antes: cuando cualquier persona puede participar en política, expresar sus ideas, organizar una campaña o acudir a votar sin pedir permiso al gobierno, a un cacique o a un grupo criminal.

Esta reflexión adquiere relevancia al comenzar el proceso electoral mexicano de 2026-2027. Durante la sesión inaugural del Instituto Nacional Electoral, el consejero Arturo Castillo Loza advirtió que podríamos llegar a una elección con votos contados, pero con resultados cuestionados. La frase merece atención porque separa dos cuestiones que con frecuencia confundimos: una cosa es contar correctamente los sufragios y otra, más amplia, garantizar que la competencia haya sido verdaderamente libre.

Una elección puede estar bien organizada desde el punto de vista técnico y, al mismo tiempo, desarrollarse en territorios donde algunas candidaturas no pueden hacer campaña, ciertos periodistas prefieren callar, las organizaciones ciudadanas enfrentan amenazas o el electorado sabe que expresar una preferencia puede traer consecuencias. En esas condiciones, la urna continúa existiendo, pero la libertad que debería darle sentido comienza a reducirse.

International IDEA ofrece un ejemplo esclarecedor en su estudio Protecting Elections in Honduras, publicado en agosto de 2026. La investigación examina las elecciones generales hondureñas de 2025 mediante análisis documental, entrevistas semiestructuradas realizadas entre febrero y marzo de 2026 y datos comparados sobre democracia y polarización. Ordena la evidencia alrededor de tres dimensiones: prevención de riesgos, resiliencia institucional y recuperación después de la crisis.

El estudio encontró presión del crimen organizado en determinados territorios, especialmente en la costa atlántica, así como intimidación contra candidaturas y votantes. También documentó desinformación, narrativas anticipadas de fraude, tensiones partidistas, fallas técnicas y una diferencia presidencial de apenas 0.76 puntos porcentuales. Las misiones de observación no identificaron irregularidades sistémicas suficientes para invalidar la elección; sin embargo, IDEA concluyó que la resistencia operativa del sistema no eliminó sus vulnerabilidades estructurales.

La lección es importante: una elección puede resistir sin estar plenamente protegida. Honduras logró procesar sus resultados porque coincidieron capacidades técnicas, observación nacional e internacional, medios independientes, cooperación local y decisiones institucionales que evitaron la ruptura. No fue únicamente el despliegue de fuerzas de seguridad lo que sostuvo el proceso. Fue un ecosistema democrático en el que participaron autoridades electorales, sociedad civil, periodistas, observadores y ciudadanía informada.

Esta evidencia permite entender por qué la seguridad también hace política democrática. La violencia no solamente causa víctimas; también distribuye poder. Cuando una amenaza obliga a una persona a retirar su candidatura, el agresor modifica la oferta electoral. Cuando un partido no puede ingresar a determinada comunidad, alguien decide quién puede competir. Cuando un periodista evita investigar por miedo, se reduce la información disponible para votar. Y cuando una familia prefiere no participar para protegerse, la coacción ya produjo un resultado, aunque nunca aparezca en el acta de escrutinio.

Por ello, medir únicamente los homicidios políticos ofrece una fotografía incompleta. También deben observarse las amenazas, renuncias, desplazamientos, cambios de candidatura, cancelaciones de actos, silencios impuestos, zonas donde sólo una fuerza puede hacer campaña y comunidades en las que la presencia criminal condiciona la vida cotidiana. Son hechos más difíciles de registrar, pero pueden alterar profundamente la autenticidad de una elección.

México necesita mirar el fenómeno con prudencia y método. No sería responsable afirmar que toda agresión tiene finalidad electoral o que cualquier victoria territorial es producto del crimen. Cada caso exige evidencia sobre autoría, contexto, alcance y efecto. Pero tampoco resulta razonable esperar hasta el día de la votación. IDEA recomienda mecanismos permanentes de gestión del riesgo, mapas territoriales actualizados, coordinación entre autoridades electorales, instituciones de seguridad y organizaciones de derechos humanos, así como protocolos especiales para mujeres, pueblos indígenas, personas de la diversidad sexual y otros grupos expuestos a riesgos diferenciados.

La prevención debe cuidar, además, que la respuesta estatal no se transforme en intervención política. Las fuerzas de seguridad deben proteger derechos, no administrar la competencia. Los mapas de riesgo necesitan criterios públicos; la protección de candidaturas debe ser imparcial; el intercambio de información debe contar con controles; y ninguna investigación puede utilizarse para favorecer o excluir aspirantes sin garantías de audiencia. Proteger una elección significa defender simultáneamente seguridad, legalidad y pluralismo.

También corresponde una tarea concreta a la ciudadanía. Participar no se limita a votar. Implica documentar incidentes sin exponerse innecesariamente, acompañar a quienes denuncian, fortalecer medios locales, integrarse a la observación electoral y exigir información verificable a las autoridades. Una ciudadanía organizada aumenta el costo de la intimidación y evita que el miedo permanezca oculto como si fuera una decisión privada.

La advertencia final es sencilla. Podemos instalar todas las casillas, transmitir oportunamente los resultados y cuadrar cada acta. Pero si antes de la jornada la violencia decidió quién podía competir, dónde podía hacerse campaña, qué podía publicarse o quién se atrevía a participar, el cómputo será exacto y la democracia, incompleta.

La democracia no comienza cuando se abre la casilla. Comienza cuando cualquier persona puede intervenir en los asuntos públicos sin miedo. Por eso, la seguridad no es solamente una política de policía: también es una política de libertad, ciudadanía y democracia.

Fuentes consultadas

International IDEA. (2026). Protecting Elections in Honduras. https://www.idea.int/sites/default/files/2026-08/protecting-elections-in-honduras.pdf

Instituto Nacional Electoral. (10 de septiembre de 2026). Arranca INE con el Proceso Electoral Federal 2026-2027. https://centralelectoral.ine.mx/2026/09/10/arranca-ine-con-el-proceso-electoral-federal-2026-2027/

Núñez, E. (10 de septiembre de 2026). El INE da por inaugurado el proceso electoral entre el fuego cruzado de la oposición y el oficialismo. El País. https://elpais.com/mexico/2026-09-10/el-ine-da-por-inaugurado-el-proceso-electoral-entre-el-fuego-cruzado-de-la-oposicion-y-el-oficialismo.html

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