La campaña como el eslabón
más frágil de la democracia
Mtro.
Manuel Alberto Cruz Martínez
Durante años aprendimos a juzgar una
elección por lo que sucede en las casillas. Observamos si se instalaron a
tiempo, si las personas pudieron votar, si las boletas se contaron
correctamente y si los resultados coincidieron con las actas. Esos controles
siguen siendo indispensables. Sin embargo, hoy resultan insuficientes para
saber si una elección fue verdaderamente íntegra.
La razón es sencilla: la voluntad ciudadana
no se forma el día de la votación. Se construye durante semanas y, muchas
veces, desde meses antes. En ese periodo intervienen el dinero, la información,
los medios, las plataformas digitales, los gobiernos, los partidos y también la
violencia. Por eso una elección puede contar correctamente cada voto y, aun
así, haber llegado a la jornada electoral después de una competencia
profundamente desigual.
La campaña bajo presión
International IDEA y el Electoral Integrity
Project ofrecen evidencia útil en el informe Review of the 2025 Year of
Elections: Inclusivity, Transparency and Trust, publicado el 13 de octubre de
2026. El estudio revisa elecciones nacionales celebradas en 39 países y combina
datos comparados, monitoreo electoral, informes institucionales, revisión
documental y veinte estudios de caso.
Su hallazgo más inquietante es que las
campañas se han convertido en el tramo más vulnerable del proceso electoral. En
por lo menos 62 por ciento de las elecciones analizadas se identificaron
narrativas falsas o engañosas. También se documentó violencia electoral de
género en al menos 22 países. Una revisión más amplia encontró 29 casos de
violencia contra mujeres, de los cuales 25 involucraron herramientas o espacios
digitales. A ello se suman problemas de financiamiento, uso indebido de
recursos, debilidad de la fiscalización y presiones sobre las autoridades
electorales.
Estas cifras no prueban que la
desinformación haya cambiado el resultado de todas esas elecciones. Tampoco
significan que cada mensaje falso tenga la misma gravedad. El informe registra
la presencia de los problemas, pero su intensidad, alcance y efecto deben
estudiarse en cada caso. Esta precisión es importante para evitar dos extremos:
minimizar toda irregularidad porque el cómputo fue correcto, o afirmar que
cualquier anomalía basta para invalidar una elección.
Contar bien y competir bien
Contar bien significa que los votos
depositados fueron registrados y sumados con exactitud. Competir bien supone
algo más: que las candidaturas pudieron presentar sus propuestas, acceder al
electorado, obtener recursos dentro de la ley y defenderse oportunamente frente
a actos que afectaran su participación.
Imaginemos que una candidatura sufre una
campaña masiva de desinformación durante los últimos días. El contenido llega a
millones de personas y la autoridad ordena retirarlo cuando la votación ya
terminó. El conteo puede ser impecable, pero la corrección llegó demasiado
tarde para reparar la formación de la voluntad ciudadana. En este supuesto, la
certeza aritmética no responde por sí sola a la pregunta democrática.
Lo mismo ocurre cuando se utiliza dinero
que no aparece en los informes, cuando terceros contratan publicidad para
beneficiar a una candidatura o cuando una plataforma reduce o aumenta
artificialmente la visibilidad de ciertos mensajes. La irregularidad puede
encontrarse lejos de la urna, pero la ventaja termina reflejándose en la
competencia.
La huella digital de una campaña
La propaganda tradicional dejaba rastros
relativamente visibles: espectaculares, bardas, anuncios en radio y televisión,
contratos y actos públicos. En internet, una operación puede dirigirse sólo a
determinados municipios, edades o perfiles. Dos personas pueden recibir
mensajes distintos —incluso contradictorios— sin saber que fueron seleccionadas
de manera diferente.
Además, el contenido puede desaparecer en
segundos. Por eso una captura de pantalla, aunque resulte útil, no siempre
basta. Para reconstruir una operación digital se necesita conocer quién creó y
pagó el mensaje, a qué público se dirigió, cuántas personas lo vieron, cuánto
tiempo circuló y si existió coordinación entre partidos, gobiernos, empresas,
personas influyentes o cuentas que aparentaban ser ciudadanas.
Aquí aparece un desafío central para la
justicia electoral: sin datos conservados oportunamente, el derecho a impugnar
puede convertirse en una promesa vacía. Cuando llega la sentencia, la
publicación quizá ya desapareció, el algoritmo cambió y la ventaja produjo sus
efectos. La respuesta institucional debe ser rápida, pero también verificable y
respetuosa de la libertad de expresión.
De la irregularidad a la determinancia
No toda infracción determina una elección.
Para sostener una consecuencia grave debe construirse una cadena de prueba:
identificar la conducta, acreditar su alcance, demostrar la ventaja o
afectación y explicar por qué pudo incidir de manera relevante en la
competencia o en la libertad del voto.
La diferencia numérica entre el primero y
el segundo lugar es un dato importante, pero no es el único. También existe una
dimensión cualitativa. Una conducta puede ser democráticamente grave cuando
elimina a una candidatura, silencia una región, utiliza recursos públicos de
manera sistemática o impide que la ciudadanía reciba información plural. La
pregunta no es solamente cuántos votos separaron a los contendientes, sino qué
derecho fue afectado, durante cuánto tiempo y con qué posibilidad real de reparación.
La tarea ciudadana rumbo a 2027
Para México, la lección es directa. La
observación electoral de 2027 deberá comenzar antes de la instalación de las
casillas. Será necesario vigilar actos anticipados, promoción personalizada de
servidores públicos, uso electoral de programas sociales, publicidad digital
pagada por terceros, operaciones coordinadas, violencia contra candidaturas y
posibles diferencias de trato por parte de las plataformas.
La ciudadanía no sustituye al INE, a los
organismos locales ni a los tribunales. Sin embargo, puede ayudar a conservar
la memoria de la campaña. Documentar una irregularidad significa registrar la
fecha, la cuenta emisora, el enlace, el contenido completo, los indicios de
pago, el alcance visible y el contexto. La participación democrática no termina
al depositar una boleta. También consiste en observar cómo se construyen las
condiciones para elegir.
El debate de fondo no busca sembrar
desconfianza en las elecciones. Busca protegerlas con una mirada más completa.
Una democracia necesita urnas seguras y cómputos exactos, pero también campañas
donde el dinero, la violencia, los recursos públicos y los algoritmos no
sustituyan la decisión libre de la ciudadanía.
La integridad electoral comienza mucho
antes de la primera casilla. Si la competencia llega deformada al día de la
votación, contar bien los votos seguirá siendo indispensable, pero ya no será
suficiente.
Fuentes consultadas
International
IDEA y Electoral Integrity Project. Review of the 2025 Year of Elections:
Inclusivity, Transparency and Trust. 13 de octubre de 2026. Consulta
directa
International
IDEA. 2025 Elections review launch: Inclusion, transparency and trust. 20 de
octubre de 2026. Consulta
directa
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