viernes, 23 de octubre de 2026

Contar bien los votos no basta

La campaña como el eslabón más frágil de la democracia

Mtro. Manuel Alberto Cruz Martínez

Durante años aprendimos a juzgar una elección por lo que sucede en las casillas. Observamos si se instalaron a tiempo, si las personas pudieron votar, si las boletas se contaron correctamente y si los resultados coincidieron con las actas. Esos controles siguen siendo indispensables. Sin embargo, hoy resultan insuficientes para saber si una elección fue verdaderamente íntegra.

La razón es sencilla: la voluntad ciudadana no se forma el día de la votación. Se construye durante semanas y, muchas veces, desde meses antes. En ese periodo intervienen el dinero, la información, los medios, las plataformas digitales, los gobiernos, los partidos y también la violencia. Por eso una elección puede contar correctamente cada voto y, aun así, haber llegado a la jornada electoral después de una competencia profundamente desigual.

La campaña bajo presión

International IDEA y el Electoral Integrity Project ofrecen evidencia útil en el informe Review of the 2025 Year of Elections: Inclusivity, Transparency and Trust, publicado el 13 de octubre de 2026. El estudio revisa elecciones nacionales celebradas en 39 países y combina datos comparados, monitoreo electoral, informes institucionales, revisión documental y veinte estudios de caso.

Su hallazgo más inquietante es que las campañas se han convertido en el tramo más vulnerable del proceso electoral. En por lo menos 62 por ciento de las elecciones analizadas se identificaron narrativas falsas o engañosas. También se documentó violencia electoral de género en al menos 22 países. Una revisión más amplia encontró 29 casos de violencia contra mujeres, de los cuales 25 involucraron herramientas o espacios digitales. A ello se suman problemas de financiamiento, uso indebido de recursos, debilidad de la fiscalización y presiones sobre las autoridades electorales.

Estas cifras no prueban que la desinformación haya cambiado el resultado de todas esas elecciones. Tampoco significan que cada mensaje falso tenga la misma gravedad. El informe registra la presencia de los problemas, pero su intensidad, alcance y efecto deben estudiarse en cada caso. Esta precisión es importante para evitar dos extremos: minimizar toda irregularidad porque el cómputo fue correcto, o afirmar que cualquier anomalía basta para invalidar una elección.

Contar bien y competir bien

Contar bien significa que los votos depositados fueron registrados y sumados con exactitud. Competir bien supone algo más: que las candidaturas pudieron presentar sus propuestas, acceder al electorado, obtener recursos dentro de la ley y defenderse oportunamente frente a actos que afectaran su participación.

Imaginemos que una candidatura sufre una campaña masiva de desinformación durante los últimos días. El contenido llega a millones de personas y la autoridad ordena retirarlo cuando la votación ya terminó. El conteo puede ser impecable, pero la corrección llegó demasiado tarde para reparar la formación de la voluntad ciudadana. En este supuesto, la certeza aritmética no responde por sí sola a la pregunta democrática.

Lo mismo ocurre cuando se utiliza dinero que no aparece en los informes, cuando terceros contratan publicidad para beneficiar a una candidatura o cuando una plataforma reduce o aumenta artificialmente la visibilidad de ciertos mensajes. La irregularidad puede encontrarse lejos de la urna, pero la ventaja termina reflejándose en la competencia.

La huella digital de una campaña

La propaganda tradicional dejaba rastros relativamente visibles: espectaculares, bardas, anuncios en radio y televisión, contratos y actos públicos. En internet, una operación puede dirigirse sólo a determinados municipios, edades o perfiles. Dos personas pueden recibir mensajes distintos —incluso contradictorios— sin saber que fueron seleccionadas de manera diferente.

Además, el contenido puede desaparecer en segundos. Por eso una captura de pantalla, aunque resulte útil, no siempre basta. Para reconstruir una operación digital se necesita conocer quién creó y pagó el mensaje, a qué público se dirigió, cuántas personas lo vieron, cuánto tiempo circuló y si existió coordinación entre partidos, gobiernos, empresas, personas influyentes o cuentas que aparentaban ser ciudadanas.

Aquí aparece un desafío central para la justicia electoral: sin datos conservados oportunamente, el derecho a impugnar puede convertirse en una promesa vacía. Cuando llega la sentencia, la publicación quizá ya desapareció, el algoritmo cambió y la ventaja produjo sus efectos. La respuesta institucional debe ser rápida, pero también verificable y respetuosa de la libertad de expresión.

De la irregularidad a la determinancia

No toda infracción determina una elección. Para sostener una consecuencia grave debe construirse una cadena de prueba: identificar la conducta, acreditar su alcance, demostrar la ventaja o afectación y explicar por qué pudo incidir de manera relevante en la competencia o en la libertad del voto.

La diferencia numérica entre el primero y el segundo lugar es un dato importante, pero no es el único. También existe una dimensión cualitativa. Una conducta puede ser democráticamente grave cuando elimina a una candidatura, silencia una región, utiliza recursos públicos de manera sistemática o impide que la ciudadanía reciba información plural. La pregunta no es solamente cuántos votos separaron a los contendientes, sino qué derecho fue afectado, durante cuánto tiempo y con qué posibilidad real de reparación.

La tarea ciudadana rumbo a 2027

Para México, la lección es directa. La observación electoral de 2027 deberá comenzar antes de la instalación de las casillas. Será necesario vigilar actos anticipados, promoción personalizada de servidores públicos, uso electoral de programas sociales, publicidad digital pagada por terceros, operaciones coordinadas, violencia contra candidaturas y posibles diferencias de trato por parte de las plataformas.

La ciudadanía no sustituye al INE, a los organismos locales ni a los tribunales. Sin embargo, puede ayudar a conservar la memoria de la campaña. Documentar una irregularidad significa registrar la fecha, la cuenta emisora, el enlace, el contenido completo, los indicios de pago, el alcance visible y el contexto. La participación democrática no termina al depositar una boleta. También consiste en observar cómo se construyen las condiciones para elegir.

El debate de fondo no busca sembrar desconfianza en las elecciones. Busca protegerlas con una mirada más completa. Una democracia necesita urnas seguras y cómputos exactos, pero también campañas donde el dinero, la violencia, los recursos públicos y los algoritmos no sustituyan la decisión libre de la ciudadanía.

La integridad electoral comienza mucho antes de la primera casilla. Si la competencia llega deformada al día de la votación, contar bien los votos seguirá siendo indispensable, pero ya no será suficiente.

Fuentes consultadas

International IDEA y Electoral Integrity Project. Review of the 2025 Year of Elections: Inclusivity, Transparency and Trust. 13 de octubre de 2026. Consulta directa

International IDEA. 2025 Elections review launch: Inclusion, transparency and trust. 20 de octubre de 2026. Consulta directa

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