viernes, 9 de octubre de 2026

Democracia sin oposición: votar no basta

 Latinobarómetro 2026 revela que en México se valoran las elecciones, pero todavía cuesta reconocer que limitar al poder también es parte de la democracia

Mtro. Manuel Alberto Cruz Martínez

En México apreciamos el voto. Lo defendemos como la principal puerta de entrada a la vida democrática y reconocemos que los gobiernos deben surgir de elecciones libres. Sin embargo, los datos más recientes muestran una dificultad menos visible: valoramos mucho menos a las instituciones y actores que deben vigilar a quien gana.

El Informe Latinobarómetro 2026 ofrece una imagen que merece atención. El apoyo a la democracia en México aumentó de 49 por ciento en 2024 a 55 por ciento en 2026. Además, 78 por ciento de las personas encuestadas considera que no puede haber democracia sin elecciones. Hasta aquí, la lectura parece alentadora.

La preocupación surge cuando se pregunta por los contrapesos. Sólo 48 por ciento considera indispensable al Congreso, 40 por ciento reconoce la necesidad de los partidos y apenas 38 por ciento atribuye ese carácter a la oposición. La distancia es reveladora: se aprecia el momento de elegir, pero no con la misma fuerza aquello que debe ocurrir después de la elección.

La pregunta de fondo es sencilla: ¿puede existir una democracia sólida cuando la ciudadanía valora el voto, pero concede poca importancia a quienes deben cuestionar y limitar al ganador?

Elegir no significa entregar todo el poder

Una parte de nuestra cultura política parece entender la democracia como un procedimiento para decidir quién gobierna. Quien obtiene la mayoría gana y, por ello, se considera legitimado para aplicar su proyecto. Esa idea es correcta, pero incompleta.

La democracia también establece cómo debe ejercerse el poder. Obliga a respetar la Constitución, rendir cuentas, escuchar a las minorías y aceptar que ninguna victoria electoral convierte al gobierno en dueño del Estado. La mayoría tiene derecho a gobernar, pero no a eliminar los límites que protegen a todos.

Esta distinción suele perderse en la discusión pública. Cuando el Congreso revisa una iniciativa, un tribunal corrige una decisión o la oposición exige información, esas acciones pueden presentarse como obstáculos a la voluntad popular. En realidad, los controles democráticos no desconocen el voto. Evitan que el mandato recibido en las urnas se transforme en una autorización sin condiciones.

La oposición no es enemiga de la mayoría

En el lenguaje político mexicano, la palabra oposición suele asociarse con obstrucción, conflicto o defensa de intereses particulares. Esa percepción no apareció de la nada. Los propios partidos opositores han contribuido a su descrédito mediante divisiones internas, corrupción, falta de propuestas, alejamiento de la ciudadanía y una presencia que a veces sólo se vuelve visible durante las campañas.

Pero una oposición deficiente no vuelve innecesaria a la oposición. Del mismo modo que una mala resolución no hace prescindibles a los tribunales, los errores de algunos partidos no justifican abandonar el pluralismo.

La oposición cumple tareas concretas. Revisa las decisiones del gobierno, exige explicaciones, señala abusos, propone alternativas y representa a quienes no votaron por la mayoría. No está obligada a rechazar todo. Tampoco debe aceptar todo. Su responsabilidad consiste en discutir con razones, acompañar lo que beneficia a la sociedad y señalar aquello que puede dañar los derechos o debilitar las instituciones.

Proteger a la oposición no equivale a favorecer a un partido determinado. Significa conservar la posibilidad de disentir, organizarse y competir por el poder. Las mayorías cambian. Quien gobierna hoy puede necesitar mañana las mismas garantías que ahora considera incómodas.

Una cultura democrática todavía incompleta

Otros resultados de Latinobarómetro ayudan a comprender el problema. En México, 24 por ciento aceptaría un sistema de partido único sin oposición y 19 por ciento toleraría que un gobernante actuara por encima de la ley. El estudio también registra una elevada aceptación hipotética de un gobierno militar en circunstancias difíciles.

Estos porcentajes no deben sumarse ni permiten afirmar que México sea una sociedad autoritaria. Cada respuesta corresponde a una pregunta distinta y expresa una opinión declarada, no una conducta futura. La encuesta es descriptiva y, como toda medición muestral, tiene un margen de error. Aun así, los datos advierten que el respaldo a la democracia puede convivir con la disposición a debilitar algunas de sus garantías.

Ahí aparece una contradicción importante. Queremos elegir, pero no siempre reconocemos el valor de quien contradice al ganador. Defendemos la legitimidad de la mayoría, aunque en ocasiones vemos con desconfianza a los actores encargados de limitarla. Esa visión convierte a la democracia en la victoria de unos sobre otros, en lugar de entenderla como una convivencia entre personas que piensan distinto.

El riesgo aumenta cuando la eficacia se coloca por encima del pluralismo: que el gobierno resuelva, aunque no escuche; que actúe, aunque no explique; que decida, aunque nadie pueda corregirlo. La promesa puede resultar atractiva en momentos de inseguridad o frustración, pero abre la puerta a conservar las elecciones mientras se debilitan los contrapesos.

La oposición también debe recuperar su utilidad

La baja valoración ciudadana no puede atribuirse únicamente al discurso de quienes gobiernan. Los partidos opositores deben preguntarse qué han hecho para merecer confianza. Oponerse no significa reaccionar contra todo, sustituir propuestas con descalificaciones o aparecer cada tres años para solicitar el voto.

Una oposición democrática necesita cercanía social, coherencia y vida interna auténtica. Debe formar nuevos liderazgos, explicar sus decisiones y demostrar que vigilar al poder mejora los servicios públicos, evita abusos y protege derechos. También debe ser capaz de reconocer los aciertos gubernamentales sin renunciar a una crítica firme cuando ésta sea necesaria.

Si la ciudadanía no percibe utilidad en la oposición, ésta debe revisar sus prácticas. Sin embargo, el remedio no puede ser su desaparición. Una democracia sin alternativas puede conservar urnas, campañas y discursos, pero deja de ofrecer una posibilidad real de cambio.

Aprender a convivir con el desacuerdo

La democracia no elimina el conflicto. Lo organiza mediante reglas para que las diferencias puedan expresarse sin violencia y para que ningún grupo quede excluido de manera permanente. Por eso, disentir no es una falta de lealtad y controlar al gobierno no perjudica a quienes votaron por él. También los protege.

El dato más inquietante de Latinobarómetro no es necesariamente el relativo a una solución extrema. Puede ser el que muestra la poca importancia atribuida a la oposición. Revela una debilidad silenciosa de nuestra cultura política: todavía no asumimos plenamente que la democracia requiere tanto de gobiernos con capacidad para decidir como de instituciones capaces de exigirles cuentas.

Votar es indispensable, pero no suficiente. La calidad democrática también se mide por la libertad para cuestionar al ganador, la existencia de alternativas y la posibilidad efectiva de sustituirlo en el futuro.

La mayoría tiene derecho a gobernar. La oposición tiene derecho a existir, vigilar y competir. Cuando una sociedad comprende ambas ideas, deja de considerar la democracia como la derrota permanente de una parte del país y comienza a verla como lo que realmente debe ser: una forma de convivencia entre iguales, incluso cuando no están de acuerdo.

Fuente y precisión metodológica

Corporación Latinobarómetro, Informe Latinobarómetro 2026, publicado el 2 de octubre de 2026. La medición se basó en 19,207 entrevistas presenciales realizadas en 17 países; en México se aplicaron 1,200 entrevistas y el margen de error informado es de aproximadamente 3 por ciento por país. Los porcentajes describen opiniones declaradas y no prueban conductas futuras ni relaciones causales.

Consulta: https://www.latinobarometro.org/news/informe-latinobarometro-2026

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