México despertó esta semana con una alegría pocas veces vista: la Selección Nacional venció 2-0 a Ecuador y avanzó a octavos de final del Mundial 2026, rompiendo una larga sequía en fases de eliminación directa. El país necesitaba una celebración así. En medio de la polarización, la inseguridad y el cansancio social, el futbol volvió a recordarnos que todavía existen símbolos capaces de unirnos.
Pero mientras la pelota rueda, la
economía manda señales de advertencia.
El crecimiento económico sigue débil. El
INEGI reportó que el PIB cayó 0.6% trimestral en el primer trimestre de 2026,
aunque a tasa anual apenas creció 0.2%. Es decir, México no está técnicamente
en colapso, pero tampoco está creciendo con la fuerza que requiere un país de
más de 130 millones de habitantes.
A ello se suma una inflación que, aunque
ha bajado, sigue presionando el bolsillo. Banxico informó que entre abril y la
primera quincena de junio la inflación general disminuyó de 4.45% a 3.55%, pero
la subyacente permaneció elevada, al pasar de 4.26% a 4.12%.
En ese contexto aparece el nuevo
instrumento de Banxico para comprar Cetes y Bondes F en el mercado secundario.
Técnicamente, no se trata de una expansión cuantitativa ni de financiamiento
directo al gobierno; es una herramienta para administrar liquidez.
Sin embargo, la pregunta política y
económica es inevitable: ¿qué ocurre cuando un banco central incorpora nuevos
instrumentos de liquidez en un país con bajo crecimiento, deuda creciente y
presión sobre las finanzas públicas?
La historia mexicana obliga a la
prudencia. En los sexenios de López Portillo y Salinas de Gortari, los
problemas no comenzaron el día de la devaluación; comenzaron antes, cuando se
combinó gasto público elevado, endeudamiento, pérdida de confianza y una
economía sostenida artificialmente. Hoy las condiciones institucionales son
distintas: Banxico es autónomo y el tipo de cambio es flexible. Pero la lección
permanece: ningún instrumento financiero sustituye la disciplina fiscal ni el
crecimiento productivo.
La deuda pública también exige atención.
Hacienda reportó que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del
Sector Público se ubicó alrededor de 50% del PIB en 2026, mientras análisis
independientes advierten que la deuda del sector público federal ya supera los
20 billones de pesos.
Por eso, el problema no es que Banxico
tenga una nueva herramienta. El problema sería que el país necesitara usarla
con frecuencia para compensar tensiones derivadas de una economía débil, un
mercado nervioso o una deuda cada vez más costosa.
México celebra con razón a su selección.
Los goles de esta semana nos regalaron esperanza. Pero el país no puede vivir
sólo de emociones mundialistas. La verdadera victoria nacional no será
únicamente pasar a cuartos de final; será recuperar el crecimiento, contener la
inflación, ordenar las finanzas públicas y devolver certidumbre a la inversión.
El futbol puede unirnos por noventa
minutos. La economía, en cambio, define cómo vivimos todos los días.
Celebremos a México en la cancha, sí.
Pero exijamos también un país que gane fuera del estadio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario